Francisco Iribarren
Presta sus servicios en el Tanatorio del Bidasoa, donde Patxi forma parte de un equipo de cuatro personas que se alternan en las diferentes labores, compartiendo trabajos de oficina, traslados y tanatoestética, que incluye maquillar, vestir, amortajar al fallecido tratando de lograr la imagen más parecida y natural posible a como era en vida. La sala donde habitualmente realiza su trabajo. Es fría. Como único mobiliario un pequeño armario, un par de camillas metálicas y la mesa de operaciones. La preparación de un cadáver le lleva algo más de una hora: lavado, desinfección, taponados y suturas, peinado, afeitado en el caso de los hombres. Hay que ser muy cuidadoso en este proceso ya que cualquier corte, al carecer el cuerpo de plaquetas, se pueden producir pequeñas hemorragias. En ocasiones ha de esmerarse al máximo, sobre todo cuando se trata de algún embalsamamiento para traslado, cuyo cuerpo haya llegado a las instalaciones después de una autopsia. Resulta obvio que hace mucho tiempo que los cadáveres han dejado de impresionarle. A lo largo de sus 25 años de profesión, calcula haber tratado a unos 5.000, pero no es ajeno a las tragedias que se viven en cada caso. Parte de su trabajo consiste también en ayudar a las familias a sobrellevar la pérdida. Son un poco psicólogos. En ocasiones les toca muy directamente, sobre todo cuando se trata de un amigo, de un familiar o de un niño. Los cuerpos permanecen en el tanatorio entre 24 y 72 horas, a una temperatura ambiente de 4 grados.
Sala de operaciones e instrumental.
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