BARQUILLERO

 

Era un tipo bajito, regordete y siempre sonriente que vendía su mercancía a los niños  a la puerta de las escuelas.

Los domingos de partido se acercaba también a la entrada del Stadium Gal.

Se llamaba Saturnino del Río y había nacido en un pueblo de Cantabria de nombre Sel de la Carrera.

Estaba casado y vivía en un bajo de la calle Santa Elena.

 

Dibujo de Saturnino del Río.

 Publicado por la imprenta Luis Tolosa en uno de sus originales y añorados calendarios.

 

De muy joven formó parte, como criado, de un grupo de barquilleros santanderinos desplazados a Verdún (Francia), poco antes de la batalla más larga que tuvo lugar en 1916, durante la Primera Guerra Mundial

A la edad de 10 años, con sus barquillos, hacía la vida más llevadera a los soldados de la guarnición. De allí pasó a Poitiers hasta que fue evacuado a España en pleno conflicto bélico.

Con su bombo cargado de barquillos a cuestas comenzó un largo peregrinaje por Madrid, Palencia, Tolosa, San Sebastián...

En 1918 llegó a Irun, donde se unió al resto de barquilleros contratados por Emilio Gutiérrez, en la calle Santiago.

Con el tiempo, llegó a independizarse, vendiendo los barquillos y galletas que confeccionaba su esposa.

Saturnino pronto se hizo muy popular.

Hubo una época en que echaba andar carretera de Behobia adelante, llegando incluso hasta Bera y Lesaka.

 

Detalle de uno de los tradicionales

bombos, provistos de correas, usados

 por los barquilleros en su venta ambulante