Desde mediados del siglo XV hasta finales del XVIII, estos son los años en los que se produjeron invasiones francesas en la Comarca del Bidasoa :

1476 – 1512 – 1522 – 1638 – 1719 – 1794.

Una de las más conocidas es la de 1638 y el sitio de Fuenterrabía. Tan seguros estaban nuestros vecinos de la imposibilidad de una invasión, que la víspera de la entrada de los franceses en Guipúzcoa, el 30 de Junio de 1638 , los de Fuenterrabía se divertían con una corrida de toros en la plaza de Armas, convencidos de que los franceses no pasarían el río. Sin embargo el ejército francés entró en Irun al día siguiente, el 1 de julio de 1638, con 25.000 hombres vadeando el río Bidasoa por ocho puntos distintos.

El asedio de Fuenterrabía duró más de dos meses y durante el mismo los franceses quemaron 248 casas y caseríos, 14 molinos y 4 herrerías.

Durante el sitio de Fuenterrabía de 1638, el palacio de Arbelaiz de Irun estuvo a punto de ser volado por los franceses, quienes supieron que en él se alojaba el almirante Marqués de los Vélez. Su mayordomo, Pedro Salazar, fue quien descubrió los barriles de pólvora con la mecha lenta encendida y pudo evitar la catástrofe.

Veinte años más tarde del asedio, en 1658, todavía continuaban las obras de las fortificaciones de Fuenterrabía que habían sido destruidas parcialmente.

Los años que siguieron fueron también de continua amenaza. En 1674 había previsto armamento suficiente para 600 hombres para el resguardo de la frontera y defensa de Fuenterrabía. Entre 1682 y 1684, la artillería del castillo de Hendaya, tenía a su merced a toda la comarca, pero afortunadamente permaneció inactiva. Curiosamente, en los jardines del mencionado castillo puede observarse hoy día un viejo cañón apuntando a Fuenterrabía y que su actual propietario pone en funcionamiento, con disparos de salvas, cada 8 de septiembre.

Cuando se confirmaban los temores de una invasión francesa, el vecindario cargaba en carros y caballerías sus bienes más preciados, formando caravanas hacia los pueblos del interior. Otro tanto hacía la iglesia con sus imágenes y ornamentos valiosos, y el ayuntamiento con su archivo. Los que quedaban se dedicaban a inutilizar los caminos cortándolos, en abrir zanjas o derribar árboles para dificultar el paso del enemigo.

Con la llegada de Felipe V al trono desaparecieron las discordias entre Francia y España, ya que a partir de entonces los moradores de las regiones del otro lado del Bidasoa se suponía que eran aliados nuestros. Pero a partir de 1703 las amenazas comenzaron a llegar desde el mar con la llegada de las armadas de Inglaterra y Holanda.

Por si fuera poco, un año más tarde, la Provincia dispuso que toda la gente estuviera sobre las armas ante la posible entrada del ejército de Portugal, por Castilla.

 

Grabados: Plazo de Fuenterrabia y recinto amurallado de Fuenterrabía.