Opilla de San Marcos

Receta y origen de nuestra dulce y popular opilla

INGREDIENTES

 

3 huevos 1 yogur de limón

2 medidas de azúcar 

2 medidas de harina

1 medida de almendra molida

1 sobre de levadura 1/2 medida de aceite de girasol

1/2 medida de mermelada de melocotón

Esencia de naranja Colorante rosa alimentario

Para adornar: Huevos duros, confetti y rosquillas (opcional)

 

PREPARACIÓN

El horno debe estar precalentado a unos 180 grados. En un molde bajo (preferiblemente de silicona) .  Vierte e un recipiente el yogur, la harina previamente tamizada y la levadura. En un bol bate los huevos durante unos minutos añadiendo el azúcar hasta que se mezcle bien. Añade a continuación la esencia de naranja, el aceite y mezcla todo muy bien. A continuación viértelo todo sobre el molde y ponlo al horno durante media hora. Una vez que se haya enfriado extrae el bizcoche del molde, caliente un poco la mermelada y con un pincel embadurna la parte superior del bizcocho. Esparce el confetti sobre la superficie y adórnalo a tu gusto. No deben faltar los huevos duros coloreados. (Busca en repostería algún colorante añadir al agua durante la cocción de los huevos).

 

 

EL ORIGEN DE LA OPILLA

 

El 25 de abril tiene lugar en Irun -también en otras localidades cercanas-  una celebración muy especial: las "opillas" de San Marcos.

Para saber algo más de esta tradición tan arraigada en nuestra comarca, he aquí algunos datos.

Existe constancia de que, desde tiempo inmemorial, se celebraban en Irun-Iranzu procesiones alternando los llamados "montes altos" y "montes bajos" entre los que se encontraba la desaparecida ermita de San Antón en el barrio de Olaberría.

Aquellas procesiones las componían representantes del clero junto con un grupo de paisanos armados que realizaban las salvas.

Esta tradición se mantuvo hasta la primera guerra carlista, siendo posteriormente suplidas por otras en la que se bendecían los campos.

En todas ellas, a la hora del "amaiketako", la comitiva se detenía en alguno de los caseríos del recorrido en el que se ofrecía a los curas y autoridades un almuerzo "de tenedor", en tanto que los acompañantes debían conformarse con un panecillo con uno o dos huevos cocido al horno.

Desaparecida también esta procesión, se mantuvo no obstante la costumbre de los panecillos -más tarde opillas- que se vendían, con más o menos huevos, en las panaderías locales.

Es posible que el actual nombre de "opilla" se derive del antiguo "ogui-pilla" (tarta de pan).

 

Cuentan que en cierta ocasión, a una encopetada dama de Irun se le ocurrió sustituir el pan por bizcocho para regalárselo a su ahijada. La idea tuvo tan buena aceptación que se mantiene hasta nuestros días.

Aquella primera opilla de bizcocho fue elaborada en el establecimiento de chocolates Elgorriaga con "maquinaria movida a mano", que por aquel entonces se encontraba en el número 28 de la calle Larrechipi.

En este mismo obrador tienen su origen los huevos tintados que adornan las actuales opillas.

La historia es la siguiente:

Una de las más cuidadas especialidades de la citada pastelería eran las almendras garrapiñadas que se preparaban en un gran puchero de cobre. En cierta ocasión para eliminar los restos de azúcar que quedaban adheridos al recipiente, los artesanos lo llenaron de agua que pusieron a calentar. En aquel momento alguien tuvo la feliz ocurrencia de aprovechar el agua en ebullición para introducir en ella los huevos que tenían preparados para las opillas, comprobando con asombro que los huevos salieron de un precioso color rosado.

 

A partir de aquel momento y ante la gran aceptación popular que tuvo el "invento", lo industrializaron sustituyendo el primitivo colorante por otro artificial . Hasta hoy.